El auto se
estaciono de culata, la decena de presentes lucían el desencanto de un embrollo
sin anudar, solo quedaba poner el punto al final a la pagina,
Las manijas
se traslucían en la intemperie, no hubo sorteo sino zigzagueo, el tomo la
ultima oreja del vagón, como si desde ahí, pudiera demorar el despiste, quienes
se anteponían demoraban la marcha, el no tuvo más que quedarse ahí, quieto,
la
fatalidad llego en el devenir de la puerta del auto cerrándose sobre su cabeza , la suspensión
dramática hizo resonar el TRAC, los presenten no hicieron más que mirar, automáticamente
la puerta volvió al lugar donde jamás debiera de haber salido,
su cara de
rigurosa pena, ahora mostraba un hilo de dolor.
Pero se debía hacer lo que
se hace, y así se hizo.
Después de
los ornamentos uno se quedo
el otro, que se iba, frotaba la ranura en su techo
(dicen que en la butaca trasera, alguien renació entre sus mocos y sonrió)

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